La mirada de Kapuscinski

Biografía, técnicas y citas del mejor cronista del siglo XX

28-nov-2009 José Miguel Fernández-Layos Fernández

De los muchos reporteros que recorrieron el siglo pasado, hubo uno que además fue historiador, poeta, ensayista, narrador, casi antrópologo. Así era el autor de "Ébano".

Ryszard Kapuscinski era inclasificable: “Para definir mi oficio, el calificativo que más me gusta es el de traductor. Pero no de una lengua a otra, sino de una cultura a otra”.

Nació el 4 de marzo de 1932 en la ciudad de Pinsk, antes Polonia, hoy Bielorrusia.

Infancia

Su infancia estuvo marcada por la II Guerra Mundial: "De ahí que me pareciese que no era la paz, sino la guerra, el estado natural del universo".

Su gran empatía con los más pobres de la Tierra no tenía nada de pose. De hecho, nadie como él para entender a los descalzos: “Cuando los veo, sé lo que significa no tener zapatos, pues yo también fui descalzo”.

Igual de grande fue su devoción por el lenguaje: “Empecé a escribir poesías de manera espontánea (…) Al girar su contenido en torno a lo que ocurría a mi alrededor, fueron precisamente aquellos versos los que me introdujeron en el mundo del periodismo”.

Sin embargo, fue analfabeto hasta los 13 años: "Joyce escribía a los 12 años cartas dignas de atención; yo, con la misma edad, corría por el campo en pos de las vacas".

Viajes con Heródoto

Comenzó a trabajar en el diario polaco Sztandar Mlodych, recorriendo Polonia en busca de noticias. En 1955, le dijo a su redactora jefa: "Quiero cruzar la frontera". Se refería a la de Checoslovaquia, pero un año después, ella le envió a India con un solo amuleto: el libro "Historia" de Heródoto. Desde entonces, siempre viajó con él.

Para Kapuscinski, Heródoto fue el padre del reporterismo, alguien que trató de comprender al 'otro'. “En el siglo V antes de Cristo (a.C.), eran bárbaros toda persona subhumana que no hablaba griego”. Según él, Heródoto “viajó a otras tierras, otros pueblos, para conocer otras culturas” y mostrar que “estaban tan desarrolladas y maduras como la griega”.

Historia y periodismo

A los 19 años Kapuscinski se licenció en Historia en la Universidad de Varsovia. De ahí le viene su afán por un periodismo bien documentado: "Para escribir una página se han de haber leído 100".

Tal y como él entiendía el periodismo, este consistía en “estudiar la historia en el momento mismo de su desarrollo (...) En el buen periodismo, además de la descripción de un acontecimiento, tenéis también la explicación de por qué ha sucedido”.

Una vez licenciado entró a trabajar en la Agencia Polaca de Noticias: “Era una agencia muy pobre, cuando me llamaron me dijeron, usted escribe buenos poemas, por lo tanto podrá hacer buenos reportajes. Fue cuando me enviaron a África por primera vez”.

Experiencia en África

Allí cubrió diecisiete revoluciones, doce frentes de guerra y diecisiete golpes de Estado. No en vano, era el único corresponsal de la agencia polaca para toda África.

No tenía dinero para grandes tecnologías, por lo que que bajaba siempre a la calle a “preguntar, escuchar, acopiar, atesorar y enhebrar las informaciones, las opiniones y las historias" (...) "me entero de cosas que no aparecen en la prensa y en la radio".

En el ojo del huracán

Kapuscinski no se conformó nunca con las versiones oficiales, ni envió sus crónicas sin salir del hotel. Él se adentraba en los barrios más pobres, y allí se instalaba.

Tenía la convicción de que “para tener derecho a explicar se tiene que tener un conocimientos directo, físico, emotivo, olfativo, sin filtros ni escudos protectores, sobre aquello de lo que se habla. (...) Es erróneo escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un poco de su vida".

Las crónicas de Kapuscinski

Como sugirió John Lee Anderson, Kapuscinski veía el reportaje como una escritura colectiva, ya que se componía de voces y experiencias de mucha gente. Pero cuando él ordenaba todo eso, lo hacía con virtud literaria. No en vano, fue propuesto para el premio Nobel de Literatura.

Para sus crónicas buscaba historias concretas; con ellas quería dar una pista que ayudase a descifrar las leyes del mundo: “Dentro de una gota hay un universo entero. Lo particular nos dice más que lo general; nos resulta más asequible".

El oficio de periodista

Su objetivo era transmitir una imagen del mundo auténtica, no una colección de estereotipos. Sin embargo, nunca confundió su labor con la de un activista: "El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse".

Defendió que para ser periodista se podía ser escéptico. De hecho, él pensaba que "la humanidad está en manos peligrosas: las propias". Pero también creía que había que ser buena persona: “Los cínicos no sirven para este oficio”.

Escribió veinte libros de género incierto, como “El emperador”, “El Sha” , “El Imperio” , “Ébano”, “La guerra del fútbol”, “Un día más con vida”, “El mundo de hoy” o “Viajes con Heródoto”.

Fin de viaje

Desde que consiguió su primer par de zapatos, convirtió su vida en un gran viaje. Pero él sólo entendía el viaje "como descubrimiento, como exploración, como esfuerzo: viajar en busca de la verdad, no de distensión”.

El 27 de noviembre de 2007 murió en Varsovia.

En el camino, nos dejó miles de palabras como estas:

“Y es que nuestro mundo, aparentemente global, a la hora de la verdad no es sino un conglomerado de cientos de miles de provincias de lo más diverso y que no tienen ningún punto de encuentro. El viaje por el mundo es un peregrinar de una provincia a otra, y cada una de ellas es una estrella solitaria que brilla sólo para sí misma".

"Para la mayoría de la gente que vive allí, el mundo real se acaba en el umbral de su casa, en el límite de su aldea o, todo lo más, en la frontera de su valle. El mundo situado más allá no es real ni importante, ni tan siquiera necesario, mientras que el que se tiene a mano, el que se abarca con la vista, aumenta ante nuestros ojos hasta alcanzar el tamaño de un cosmos tan inmenso que nos impide ver todo lo demás”.

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Ryszard Kapuscinski, Mariusz Kubik Ryszard Kapuscinski
Ébano, Rafael Robles Ébano
 
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